Enseñar a Niños y Adolescentes

 In CONSEJOS, TEACHER TRAINING

Escrito por Karen McGhie. Lee el post original en inglés en london-school-online.com

Si alguna vez has oído a alguien decir que enseñar a adultos es mucho más difícil que enseñar a niños y adolescentes, entonces conocerás esa sensación de rabia que te invade cuando sabes que eso no es verdad. Muy a menudo, a los profesores recién titulados se les asignan clases de alumnos más jóvenes para “facilitarles la entrada” antes de pasar a clases de niveles superiores y estudiantes mayores. Sin embargo, este enfoque suele ser equivocado, y los nuevos profesores pueden sentirse abrumados enseguida al tener que lidiar con la enseñanza y con el hecho de que los niños y adolescentes pueden ser impredecibles en ocasiones. En muchos cursos de formación docente, como el CELTA o cursos universitarios, o bien enseñas a adultos extremadamente bien educados, o bien impartes clases a jóvenes aprendices bajo supervisión y con su profesor presente. Solo cuando entras a un aula por primera vez tú solo te das cuenta de que depende de ti gestionar la clase y enseñarles lo que necesitan aprender.

Enseñar a niños y adolescentes no tiene por qué dar miedo, pero sí requiere una planificación y reflexión cuidadosas por parte del profesor a lo largo del curso escolar, especialmente si no estás acostumbrado a ello. En este post, vamos a destacar diez formas en las que enseñar a niños y adolescentes es diferente de enseñar a adultos, y cómo afrontar estas diferencias de manera positiva.

Niños

1. Ten en cuenta su capacidad de concentración

Los niños tienen una capacidad de concentración más corta que los adultos, lo que significa que debes considerar bien las fases de la clase desde el momento de la planificación. Revisa tu material y piensa cuánto va a durar cada actividad y cómo vas a dividir las tareas más largas para mantener a los alumnos motivados y atentos. Esto no significa llenar la clase de actividades muy breves, sino cambiar la forma de realizar una tarea o incluir partes en las que los alumnos se levanten para hacer algo. El material adicional del libro del alumno es perfecto para esto: utiliza flashcards, actividades digitales interactivas, libros ilustrados, juegos de palabras o peluches para mantener a los alumnos atentos.

2. Implanta rutinas sólidas

Si no tienes una buena rutina con niños, da igual lo bueno que sea tu plan de clase o tu material: te espera una clase difícil. Los niños prosperan con las rutinas y reaccionan muy bien a la familiaridad del entorno del aula y de las tareas que se repiten. En cada clase, asegúrate de seguir la misma estructura e incluir elementos que ya hayan realizado antes, de modo que sepan cómo hacerlos y se sientan seguros. La clave es la constancia: no puedes empezar con una rutina y cambiarla todo al cabo de una semana. Mantén lo que hayas establecido desde el principio y asegúrate de que los alumnos sepan qué deben hacer en cada fase de la clase.

3. Haz las clases visualmente atractivas

Todos aprendemos mejor con estímulos visuales fuertes, pero los niños especialmente se benefician de lecciones visualmente atractivas que los motiven y mantengan su interés. No puedes esperar que presten atención solo porque tienen el libro abierto. Necesitan cosas que mirar, tocar, escuchar; y esto es algo que debes tener en cuenta al planificar. Piensa en flashcards, pósteres, imágenes y vídeos: todo lo que acompañe al lenguaje que están aprendiendo ayuda a la retención y les mantiene enganchados. Los libros de texto suelen tener páginas muy visuales, con personajes e imágenes llamativas para explorar. Aprovéchalas e intenta que tus clases sean lo más coloridas y vivas posible.

4. Deja la vergüenza fuera

Trabajar con niños significa ser un profesional, sí, pero también una persona. Los niños te admiran de una manera que quizá los alumnos mayores no, y debes tenerlo presente en tu forma de actuar y reaccionar. Trabajar con niños también implica ser un poco payaso a veces y reír con ellos; no podrás hacerlo si te sientes incómodo o rígido. Igual que un payaso usa el humor físico para entretener a los niños, piensa cómo usas tu cuerpo y tu voz y asegúrate de utilizarlos de manera eficaz. Si pareces mínimamente avergonzado al cantar o bailar con ellos, probablemente ellos también se corten. Debes ser el modelo a seguir, y muchas veces eso significa dejar tu vergüenza fuera de clase.

5. Mantente presente en todo momento

El ritmo es muy importante en las clases con niños, y para mantenerlo adecuado debes estar completamente presente. Puede que tengas mil cosas en la cabeza y que, después de un día largo, sea difícil parecer enérgico, pero tus alumnos te necesitan. No puedes sentarte en tu mesa esperando a que terminen mientras descansas un poco: debes estar físicamente entre los alumnos para que sepan que estás ahí y ser plenamente consciente de lo que ocurre en cada momento para reaccionar cuando sea necesario.

Adolescentes

1. Gánatelos desde el principio

Si un nuevo profesor nos preguntara cuál es nuestro consejo número uno para dar clase a adolescentes, sería este. Los adolescentes necesitan sentir que estás de su lado, y una de las cosas más importantes al inicio del curso es conseguir que todo el grupo esté contigo. Si quieren estar ahí y hacerlo bien por ti, el resto del año será muchísimo más fácil. ¿Cómo hacerlo? Reacciona de forma natural a lo que dicen, muestra interés genuino, hazles preguntas sobre sus vidas, comparte un poco de la tuya, di algo gracioso, menciona referencias de la cultura pop adolescente… El tiempo dedicado a esto en cada clase construye poco a poco confianza y una relación positiva.

2. Perdona y olvida

La adolescencia es difícil: mucho trabajo, decisiones sobre el futuro, cambios internos… Todo ello significa que no siempre tendrán la misma energía o actitud en cada clase. Puede que un día un alumno o un grupo entero sea un desastre y no consigáis avanzar. ¿Debes arrastrar esa frustración a la siguiente clase? No. Si lo haces, no das a nadie (ni a ti misma/o) la oportunidad de empezar de nuevo. Guardar rencor no ayuda en la enseñanza y suele hacerte sentir peor cada vez que entras en el aula. Así que perdonar y olvidar, especialmente con adolescentes, es una estrategia muy recomendable.

3. Sé flexible con el plan de clase

Puede que hayas preparado una clase fantástica y te encuentres con miradas vacías y cero interés. ¿Qué haces? ¿Seguir adelante con algo que no les está gustando o intentar salvar la clase siendo flexible? Con los adolescentes, la segunda opción suele ser la mejor. No significa cambiar todo, pero sí quizá dedicar más tiempo al speaking o relacionar el tema con algo que les interese en ese momento. No puedes abandonar el plan completamente cada día, pero hay veces en las que simplemente ves que no están por la labor y cierta flexibilidad ayuda a reconducir la clase.

4. Déjate disfrutar

Esto es válido para niños y adolescentes, pero especialmente para estos últimos: no disfrutarás de las clases si no te permites pasarlo bien. Algunos hacen comentarios geniales y sería una pena no seguirles la corriente. Esto no solo genera un ambiente positivo, sino que alivia tensiones y permite esos momentos “humanos” que nos hacen sentir mejor. Si estuviéramos serios el 100% del tiempo, la vida sería muy aburrida.

5. Adapta el material

La mayoría de los libros de texto son interesantes y es cierto que todo lo que aparece en ellos está basado en hechos, así que se puede aprender mucho. Pero algunos adolescentes no estarán de acuerdo y quizá anticipes que ciertas partes del libro no van a funcionar bien con tu grupo. Al planificar, revisa los temas y piensa cómo adaptar o complementar las actividades para que sean más relevantes. ¿Puedes encontrar un vídeo relacionado? ¿Crear ejemplos con el lenguaje objetivo adaptados a sus intereses? ¿Preparar preguntas con vocabulario que realmente quieran hacerse entre ellos? No se trata de usar otro material, sino de personalizar el que ya tienes.

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